Todos
los días por la mañana, para ir al colegio, mis amigos y
yo nos encontrábamos
en mi isla pues era la más cercana al colegio. En efecto, estaba
al lado de la
isla colegiala y universitaria donde iban todos los isleños y
donde brindaban
una educación gratuita, pues lo más importante en ese
mundo era la formación
para los niños y jóvenes para que pudiéramos ser
alguien en la vida. El colegio
duraba hasta el mediodía y uno iba sólo cuatro
días por semana.
Después
de clases, con mis amigos íbamos a caminar por la playa. Como
llegábamos
temprano del colegio, nos reuníamos para hacer algo, como ir a
caminar por los
puertos, meternos al mar, ir a cine, salir a comer, muchas cosas. Nos
gustaba
mucho ir a las playas pues las palmeras eran muy altas y con frutas de
todos
los colores y sabores. Nos gustaba mucho treparnos a las palmeras
porque
cogíamos las frutas, nos las comíamos y a veces
jugábamos a tirárnoslas. A mí
la que más me gustaba era la palmera de frutas del bosque porque
era mi sabor
preferido, entonces no paraba de comerme sus frutas. Además era
una palmera de
helados entonces uno se los podía chupar. Otra razón por
la cual nos gustaba
mucho ir a la playa era por el mar de agua cristalina: al
bañarse, uno se
sentía limpio pues era extremadamente puro.
Éramos
varios amigos; cada uno vivía en una isla diferente y más
o menos eran trescientas
islas. Para podernos encontrar en un lugar, había varias
opciones de transporte
pero el más eficaz era el mar pues se podía respirar
debajo del agua y uno no
contaminaba el medioambiente. Pero si uno iba muy lejos, tocaba viajar
con los
animales acuáticos: cuando eran unas grandes distancias, uno se
comunicaba con
ellos y los animales te llevaban, era una sensación muy
agradable porque había
una buena conexión entre el hombre y el animal, por lo tanto no
había
discusiones entre nosotros pues todo lo hablábamos. Los animales
servían como
transporte para los seres humanos, pero ellos querían a cambio
que no los
maltrataran y que los cuidaran. Otro transporte que existía era
por vía aérea,
con los animales voladores. Era muy útil cuando uno no se
quería mojar...
Ese
mundo era muy exótico pues cada isla se diferenciaba de la otra
por su flora y
fauna. Por ejemplo, mi mejor amiga Zea vivía en un isla
selvática con animales
salvajes, coloridos y distintos. Pero también tenía
amigos que vivían en
desiertos, montañas, nevados, volcanes, ciudades,
metrópolis, y pueblos con
todos los climas. Además existía un método que
consistía en cambiar el clima
dependiendo del gusto. Por ejemplo, si uno vivía siempre en un
clima cálido y
quería tener clima frío, bastaba con oprimir un
botón del control que se le
daba a cada habitante cuando nacía; la temperatura se acomodaba
entonces a la
persona.
Otra
razón por la cual mi universo era muy exótico era por la
gente que vivía en él
pues había una diversidad de culturas y de creencias que
dependían de la
familia en la que habías nacido. Había muchas razas y
especies, tanto de seres
humanos como de animales. Para podernos entender, desde pequeño
a uno le
enseñaban el lamba que era el idioma común pero uno
podía aprender si quería
muchos otros idiomas.
Por
las noche, había fiestas donde se encontraban y conocían
todos los isleños. Se
reunían en la isla fiestera donde todos los días
había fiesta pues era muy
grande y era para todas las edades.
De repente, desperté. Creía
que estaba todavía en ese país tan exótico pero cuando
abrí completamente los ojos, estaba frente a la realidad y me decepcioné
pues la realidad era totalmente diferente y muy contraria a lo que había
soñado.
Maria
Alejandra MOYA, Clase
de 3e 4
Liceo Francés Louis Pasteur Bogotá
Colombia
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